Monthly Archives: March 2013

Londres, 18 de marzo de 2013

Los oirás a pleno día o a las tantas de la madrugada, en cualquier contexto y lugar. Los verás paseando por la calle, en el supermercado o tomándose una pinta de cerveza en algún pub. Se sentarán detrás de ti en el bus, frotándose las manos por el frío y escondiendo sus reconocibles rasgos tras abrigo, bufanda y gorro. Hablarán entre ellos y te obligarán a escucharles aunque no quieras.

Muchos acaban de llegar y algunos hace años que están aquí. A ambos grupos se les distingue por los ojos: los primeros llevan el brillo de aquel que no sabe qué pasará mañana; los segundos la ausencia del que algo echa de menos. Casi todos son jóvenes acostumbrados al mal llamado bienestar, a llevar en su bolsillo bastante dinero para un café, un concierto o para dejar propina en un restaurante decente.

La mayoría pertenece al nuevo (viejo) proletariado; trabajan de agentes comerciales, dependientas, camareras u operarios en las pocas fábricas que ya quedan. Poco importa qué hayan estudiado o la experiencia que hubieran acumulado antes de venir: ahora son una masa fría, un mal necesario. Otros -los más afortunados o los que hablan mejor inglés- fijan su mirada en una pantalla de ordenador, sus dedos en un teclado y su culo en una silla giratoria.

No se arrepienten de haber venido pero se preguntan cada día cuándo volverán, o si van a volver. Y sí, les gusta su trabajo, pero se frustran al intentar discernir si han renunciado a sus sueños o más bien se los han robado. Como el que habla ante un espejo, se quejan entre ellos del frío, de la gente, de los precios y del estrés de la ciudad, buscando el consuelo y la camaradería en su propio reflejo.

Algunos días se levantan orgullosos de su valentía y coraje, felices y -por qué no- un poco soberbios al mirar lo que dejan atrás.
Algunas noches se acuestan ahogando un llanto, preguntándose por qué nadie les avisó de que subiría la marea cuando construían castillos de arena en las orillas de la adultez.

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Roma, 8 de març 2013

És divendres a la tarda. Els divendres ve l’avi a buscar-me a l’escola. Anem a casa i, juntament amb la meva germana, juguem al circ tota la tarda. El circ té tres integrants que fan de tot; són domadors, animals, trapezistes i venedors de crispetes, tot alhora i un de cada. El circ està de gira i viatja per tot el món amb el seu espectacle.

Avui el circ ha arribat a Roma.

Però per un error*, quan he sortit, l’avi no havia vingut a buscar-me. Hi havia tot de mares esperant els seus fills que parlaven una llengua estranya, però l’avi només el veig en somnis alguna vegada, quan em truca per dir-me que està viu, que només estava amagant-se.

I quan he arribat a casa tampoc hi havia la meva germana, però de tant en tant m’arriba un missatge dient-me que està bé, que està contenta i guapíssima i que les coses avancen.

Així que no he jugat al circ en tota la tarda.

Tot i així, encara, avui és divendres a la tarda.

*Per un error he dit? Més aviat per culpa d’AQUELLA broma pesada

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Londres, 3 de marzo de 2013

Volver.

Esa palabra maldita.

¿Cuándo vas a volver? ¿Te gustaría volver? ¿No vas a volver unos días?

¿Volver a dónde? ¿A qué? Ya nunca voy a poder volver, porque el lapso de tiempo que he vivido aquí y no allí jamás lo recuperaré. Ni quiero. Y quién sabe, quizás ya estoy de vuelta porque este era mi origen.

La bola de nieve que dejé en la nevera se está derritiendo. Los pocos rayos del sol que logran colarse entre un cielo de perfecto color #DCDCDC són cálidos, esperanzadores. Espera a la primavera, Bandini.

P.D. Perdona mi carta tan breve de hoy. Todavía no sé cómo me siento con respecto a varias cosas, todavía no he sintetizado algunos pensamientos. Y supongo que sólo tenía ganas de leerte otra vez.

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